Abr 18 2020

2º Domingo de Pascua

Tomás

Posa tu mano en la herida del pecho atravesado, toca la muerte del corazón, las angustias abismales, los amores sin destino, los golpes del alma que nunca cicatrizan.


Mete tus dedos en las manos taladradas por el ácido corrosivo de los trabajos duros, por los cepos injustos, por las siegas sin salario.


Acaricia con la yema de tus dedos los pies perforados de los emigrantes sin más tierra que la pegada en sus heridas en cada paso errante.


No tengas miedo de palpar la huella de lanzas y de clavos. ¡Tus dedos sentirán en el fondo de cada herida un latido del resucitado!
(Benjamín González Buelta, sj)

Santo Tomás

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Abr 12 2020

¡Alégrate! ¡Resucitó!

Para ser tu mensajero


Ilumina mi sombra para llevar tu luz. Ilumina mi sonrisa para abrazar tus resurrecciones.

Ilumina mi impotencia para fortalecerme en tu amor.

Ilumina mi andar para crecer en la entrega.

Ilumina mis palabras para no tener miedo a tus silencios.

Ilumina mis lágrimas para seguir sembrando. Ilumina mis errores para aprender de vos.

Ilumina mi oración para no ser sordo a tu llamado.

Ilumina mi latir para no perder el ritmo del Reino.

Ilumina mis necesidades para animarme a vivir más allá de ellas.

Ilumina mi amor para que sea incondicional y hasta el extremo como el tuyo.

Ilumina mi soñar para despertar contigo.

Ilumina mi música para cantar con los demás.

Ilumina mis heridas para regarlas desde el manantial.

Ilumina mi carisma para que sea plenitud de vida.

Ilumina mi cercanía para construir a la vez distancias y puentes.

Ilumina mi Eucaristía para hacerlo en memoria tuya.

Ilumina mi paz para ser tu mensajero.
(Marcos Alemán, sj)

¡Resucitó!

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