Volver a los brazos de Dios

El vacío interior y el hambre de amor pueden ser los primeros signos de nuestra lejanía de Dios. No es fácil el camino de la libertad. ¿Qué nos falta? ¿Qué podría llenar nuestro corazón? Lo tenemos casi todo, ¿por qué sentimos tanta hambre?
El joven «entró dentro de sí mismo» y, ahondando en su propio vacío, recordó el rostro de su padre asociado a la abundancia de pan: en casa de mi padre «tienen pan» y aquí «yo me muero de hambre». En su interior se despierta el deseo de una libertad nueva junto a su padre. Reconoce su error y toma una decisión: «Me pondré en camino y volveré a mi padre».
¿Nos pondremos en camino hacia Dios nuestro Padre? Muchos lo harían si conocieran a ese Dios que, según la parábola de Jesús, «sale corriendo al encuentro de su hijo, se le echa al cuello y se pone a besarlo efusivamente». Esos abrazos y besos hablan de su amor mejor que todos los libros de teología. Junto a él podríamos encontrar una libertad más digna y dichosa.

 

Liturgia

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Poner a Jesús en el primer lugar

El corazón dividido


Entre seguirte y quedarme. Entre el amor y el miedo.
Entre fuerza y flaqueza. Entre historias y momentos.
Así deambulo.
Sí, Señor, vivo en una encrucijada.
Adoro la cruz, pero a lo lejos.
Te llamo maestro, mas hay lecciones que elijo ignorar.
Te quiero, eso es seguro. ¿Lo bastante? No lo sé.
Albergo contradicciones. Deseo opuestos.
Tengo un pie en cada camino y un sueño en cada horizonte.
Une en ti mis dispersiones, abraza mis anhelos incompletos.
Sana mi corazón dividido.
(José María R. Olaizola, sj)

 

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