Feb 19 2022

» Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra»

Ama a tus enemigos

Ama a tus enemigos. Haz el bien a quien a te ataca, y bendice a quien te critica y habla mal de ti. Reza por esos que te difaman en público. Si alguien te da una bofetada, no le respondas con violencia, pon la otra mejilla. Si alguien te quita lo que es tuyo, entrégale algo más. Al que te pide, dale, y al que tome prestado, no se lo reclames. Al final, se trata de tratar a otros como esperarías que te traten a ti. Si amas a quien te ama, ¿Qué hay de especial en eso? Cualquiera, hasta la persona más pecadora, puede corresponder al amor. Si te portas bien porque se han portado bien contigo, bien está, pero ¿es especial?
Yo te digo: encuentra un modo de amar a tus enemigos, haz el bien y presta sin esperar nada a cambio. Tu recompensa será grande, ya verás qué plenitud, mostrando con tu vida el rostro del Padre, que es bueno y compasivo. No juzgues y no te juzgarán. No condenes y no te condenarán. Perdona y se te perdonará. Da y recibirás. Mucho más de lo que imaginas. Con la medida con que tú midas se te medirá.



Liturgia

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Feb 12 2022

Bienaventuranzas camino de felicidad

¡Ay de mí si no respiro, si no me alimento, si no quiero con locura!
Si no vibro con el júbilo del hermano.
¡Ay de mí si no tiemblo ante su dolor.
Si no abro los oídos para dejarme transformar por tu palabra, y no abro la boca para gritar una pregunta de fe; un veredicto de amistad; una promesa de curación; una canción de justicia.
¡Ay de mí si no abro las manos, liberadas al fin de piedras y cadenas, para dar, en ellas, calor, afecto y abrazo.
¡Ay de mí no por miedo o por amenaza, sino porque, no amando a tu manera no habré vivido!
Mas si, en mi debilidad, te dejo ser atalaya, no habrá lamento, derrota ni queja, habrá esperanza.
(José María R. Olaizola, sj)

 

Liturgia

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Feb 05 2022

Y seré pescador de hombres…

Eres tú quien me llama


Me da vértigo oír tu llamada, me veo tan indigno.
No doy la talla, me agobia no llegar, decepcionarte.
Me intento escabullir, hacerme el sordo, buscar excusas.
Y cuando más agobiado estoy, cuando más duele no responder, cuando peor me siento, me doy cuenta de que ya estoy, ya soy parte de los tuyos, ya me has tomado tú.
No depende de mí y tengo que volver a aprenderlo.
Eres tú quien me llama y quien me da fuerza para responder. Solo tengo que soltar, dejarme llevar por ti, no dejarme de tu mano y cada día lo olvido.
Por eso me pierdo, por eso me siento solo y solo tengo que parar, mirarte, o sentir el tacto de tu mano en la mía.
(Javier Montes, sj)

 

Liturgia

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