
El Evangelio de Lucas 17,5-10 para el XXVII Domingo del Tiempo Ordinario es una invitación profunda a vivir la fe con humildad, confianza y servicio.
“Si tuvieran fe como un granito de mostaza…”
Los discípulos piden más fe, como si fuera una cantidad que se pudiera medir o aumentar. Pero Jesús responde con una imagen provocadora: no se trata de tener “más” fe, sino de tener una fe auténtica, viva, aunque sea pequeña. Una fe así puede mover lo imposible.
Luego, Jesús habla del siervo que cumple su deber sin esperar recompensa. Es una parábola que nos incomoda, pero que revela una verdad esencial: la fe no es un mérito, sino una respuesta humilde al amor de Dios. No somos héroes espirituales, sino servidores que hacen lo que deben, con gratitud y sin vanagloria.
Este Evangelio nos enseña que la fe verdadera no busca aplausos ni resultados espectaculares. Es confianza silenciosa, obediencia amorosa, y servicio fiel. Es vivir como quien sabe que todo lo recibido es gracia.
Liturgia del domingo
La parábola del rico y Lázaro— es una de las más conmovedoras y provocadoras que Jesús comparte. Nos confronta con la indiferencia, la justicia divina y la urgencia de escuchar la Palabra antes de que sea demasiado tarde.
El pasaje de Lucas 16,1-13 nos presenta la parábola del administrador astuto, una historia que a primera vista puede parecer desconcertante, pero que encierra una profunda enseñanza espiritual sobre el uso del dinero, la fidelidad y el discernimiento entre dos señores: Dios y las riquezas







