Mateo 22,15-21: Los fariseos intentan atrapar a Jesús entre dos opciones imposibles: si aprueba el impuesto, puede perder el favor del pueblo; si lo rechaza, puede ser acusado ante las autoridades romanas. Pero Jesús, con sabiduría divina, va más allá de la trampa y pregunta de quién es la imagen grabada en la moneda.
Cuando le responden que es del César, Jesús declara: «Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios».
La moneda lleva la imagen del emperador y, por eso, puede devolverse al emperador. Pero nosotros llevamos grabada una imagen mucho más profunda: hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Por tanto, si la moneda pertenece al César, nuestra vida, nuestro corazón, nuestros talentos y nuestra dignidad pertenecen a Dios.
Este Evangelio nos invita a revisar nuestras prioridades. Muchas veces dedicamos nuestras mejores energías a las preocupaciones materiales, al trabajo, a las obligaciones y a los éxitos personales. Todo eso tiene su lugar legítimo. Pero Jesús nos pregunta hoy: ¿estoy entregando también a Dios lo que le pertenece? ¿Le ofrezco tiempo para la oración? ¿Pongo mis decisiones bajo la luz del Evangelio? ¿Reconozco su presencia en los más pobres y necesitados?
La fidelidad cristiana no consiste en huir de las responsabilidades del mundo, sino en vivirlas desde Dios. El discípulo de Jesús cumple sus deberes ciudadanos, familiares y sociales, pero sin olvidar nunca que su verdadera ciudadanía está en el Reino de Dios. (Crismon)
Reflexión sobre Mateo 22:1-14
La parábola de los viñadores homicidas
La parábola de los dos hijos
La parábola de los trabajadores de la viña






