Señor, déjame ir contigo.

Aplicando sentidos

Sólo quiero caminar detrás, pisar donde pisas, mezclarme entre tus amigos.
Recorrer esas aldeas que habitan los olvidados, los que no recuerda nadie, ver cómo los recuperas.
Quiero escuchar tu palabra, simple y preñada de Dios que, aunque a muchos incomode, a tanta gente nos sana.
Quiero sentarme a tu mesa, comer del pan compartido que con tus manos repartes a todos los que se acercan.
Y un día, tocar tu manto como esa pobre mujer, suave, sin que tú lo notes arrancarte algún milagro.
Esa que todos marginan se atreve a abrazar tus pies y derrama su perfume, porque en ti se ve querida.
Que de tanto ir junto a ti pueda conocerte más, tú seas mi único amor  y te siga hasta morir.

(Javi Montes, sj)

 

Liturgia del domingo

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Venid conmigo…

Llamada

¡No me mandes callar! No puedo obedecerte.
Tu perdón me ha quemado como un fuego y lo tengo que hablar siempre y a todos,
aunque me lo prohíbas, o aunque no me lo crean.
Si, por eso, me echan de esta tierra, saldré hablando de Ti.
Diré que eres de todos, siempre el mismo, que tu amor no depende de nosotros, que nos amas igual, aunque no amemos; nuestro título ante Ti es la pobreza de no amar.
Que eres voz que llama siempre a cada puerta, con nombre exacto, inconfundible; que no pides nada, das y esperas el tiempo que haga falta; que no fuerzas los ritmos de los hombres,  que no cansas, no te cansas, y que tu amor es nuevo cada día; que te dolemos todos, cuando no te buscamos.
Diré muchas más cosas: que basta con mirarte en cualquier sitio, porque todos son tuyos, para ser otra cosa;  simplemente
para ser persona. ¡Señor, que chispa a chispa, no me canse de prender este fuego!

(Ignacio Iglesias, sj)

 

Liturgia del domingo

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