Abr 02 2022

«Yo tampoco te condeno, anda y no peques más»

¿Habéis visto aquí la «penitencia» que Jesús pone ante un pecado evidente? ¿Habéis visto cómo riñe a la mujer? ¿Habéis visto qué condiciones le pone para perdonarla? Si recordáis la parábola del domingo pasado: ¿Le echo aquel padre alguna «bronca» al hijo derrochador, desobediente y cabeza loca? ¿Recordáis que le dijera: «vas a tener que demostrar que estás arrepentido»? Incluso le defiende ante el juicio objetivo e implacable de su hermano. Su perdón es sin condiciones, un «regalo», que es lo que significa «per-dón», un gran regalo inmerecido.

             Y es que Dios cuando se encuentra con el pecado, sólo le inquieta una cosa: ¿Qué hacemos para vencerlo? ¿Cómo superarlo? No importa lo que ha pasado, lo que hemos hecho: «Yo tampoco te condeno«. Él lo que procura es hacer que surja algo nuevo en nosotros. Porque la peor situación es la desesperanza, el sentirse «malo», superado, humillado, vencido. Así no hay progreso espiritual ni revitalización cristiana ni eclesial, ni salvación. Y el hombre/mujer se pierde. 

 

Liturgia

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Mar 26 2022

Nos acoge y perdona porque solo quiere nuestra alegría.

Hermano mayor

Con lo que yo te he dado, Señor, y tú, regalándote por igual a tus hijos díscolos.
Con lo que yo te he amado, y tú derramando tu amor sobre buenos y malos.
¿Cómo puedo hacerte ver que merezco más, necesito más, espero más?
¿No los vas a castigar? ¿No exigirás que purguen sus delitos? ¿Vas a seguir poniéndoles la mesa
para que devoren mi herencia? ¿No me darás a mí un premio?
¡No! No me intentes convencer confundiendo misericordia y justicia.
A mí, que desde joven te he dado todo.
Yo que no he fallado un día, cumplidor sin tacha…
¿Cómo es posible? Y tú, en silencio, me miras con dolor y paciencia por todo lo que no entiendo.
(José María R. Olaizola, sj)

 

Liturgia

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Mar 19 2022

Es urgente cambiar

Los comienzos de Dios en la historia son pequeños, escondidos, nocturnos, eternidad sin testigos en corazones humanos.
Una cuna de juncos en la corriente del Nilo, una llama de zarza en la soledad del desierto, el sí de una adolescente en la intimidad, un sueño para ser adivinado en la confusión de la noche, un profeta solo en el Jordán ante el futuro encarnado, una chispa luminosa al cruzarse dos miradas, un rubor en la mejilla al decir un nombre propio, un cuenco de agua fresca junto al brocal de un pozo, un vaso de vino en la mesa del publicano ladrón, un perfume de nardo ungiendo para la muerte.
¡Inicio infinito a la medida de nuestra pequeña estatura!
¡Regalo de la inmensidad que se entrega y no abruma!
¡Tú que dialoga y crece en la carne que lo acoge!
¡Respeto a lo que somos y a todo lo que seremos!
(Benjamín G. Buelta, sj

 

Liturgia

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