SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR

El prólogo del Evangelio de san Juan nos lleva al corazón del misterio de la Navidad: “En el principio existía la Palabra… y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”. No es solo el relato del nacimiento en Belén, sino la proclamación de que el Hijo eterno de Dios entra en nuestra historia para iluminarla desde dentro.

La Palabra que estaba junto a Dios y era Dios se hace cercana, frágil, humana. En Jesús, Dios no se queda lejano ni abstracto: se hace rostro, voz, gesto, abrazo. La Navidad es la certeza de que la luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la vencen.

Este pasaje nos invita a contemplar la grandeza del amor divino que se abaja para levantar al ser humano. Nos recuerda que cada vida está llamada a reflejar esa luz, a ser testimonio de la gracia que hemos recibido. Celebrar la Natividad es abrir el corazón para que Cristo nazca en nosotros y nos transforme en portadores de esperanza.

🙏 Oración

Señor Jesús, Palabra eterna del Padre, en esta Navidad celebramos tu venida al mundo, tu luz que disipa las sombras, tu amor que se hace carne en nuestra historia. Haznos capaces de acoger tu presencia, de reconocer tu gloria en lo sencillo, y de vivir como hijos de Dios, llenos de gracia y verdad. Que tu nacimiento renueve nuestra esperanza, fortalezca nuestra fe, y nos impulse a ser testigos de tu luz en medio de las tinieblas del mundo. Ven, Emmanuel, habita en nosotros, y haz de nuestra vida un reflejo de tu amor. Amén.

Liturgia del domingo

Enlace permanente a este artículo: https://www.divinomaestro.com/?p=8248

DOMINGO IV DE ADVIENTO: «EL SUEÑO DE JOSÉ»

El Evangelio nos presenta a José, hombre justo, que recibe en sueños la revelación de que el hijo concebido en María es obra del Espíritu Santo. Su actitud es de silencio, obediencia y confianza. No pronuncia palabras en los relatos, pero su vida habla con fuerza: acoge el misterio, protege a María y al Niño, y se convierte en custodio del plan de Dios.

En este último domingo de Adviento, la figura de José nos invita a vivir la espera con fe serena. La verdadera grandeza no está en el ruido ni en la fuerza, sino en la disponibilidad humilde para colaborar con Dios. José nos enseña que la alegría de la Navidad nace de la confianza en que Dios cumple sus promesas, incluso cuando los caminos parecen inciertos.

El nombre que recibe el Niño, Emmanuel —“Dios con nosotros”—, es la clave: no estamos solos. La Navidad es la certeza de que Dios se hace cercano, entra en nuestra historia y permanece junto a nosotros.

Liturgia del domingo

Enlace permanente a este artículo: https://www.divinomaestro.com/?p=8242

DOMINGO III DE ADVIENTO «GAUDETE»

El tercer domingo de Adviento, llamado Gaudete (¡Alégrense!), nos invita a vivir la espera del Señor con gozo. En el Evangelio, Juan Bautista desde la cárcel pregunta si Jesús es el Mesías. La respuesta de Jesús no es teórica, sino concreta: los ciegos ven, los cojos andan, los pobres reciben la Buena Noticia.

Este pasaje nos recuerda que la verdadera presencia de Dios se manifiesta en signos de vida, sanación y esperanza. Jesús no se impone con poder externo, sino que transforma desde dentro, levantando al caído y devolviendo dignidad al olvidado.

La figura de Juan también nos interpela: él, el gran profeta, reconoce que su misión es preparar el camino y señalar al que viene. Su humildad y su fidelidad nos enseñan que la grandeza está en abrir espacio para que Cristo actúe.

En este domingo de alegría, la invitación es clara: reconocer los signos de la presencia de Dios en lo cotidiano, alegrarnos porque el Reino ya está entre nosotros, y ser testigos de esperanza en medio de un mundo que necesita consuelo.

Liturgia del domingo

Enlace permanente a este artículo: https://www.divinomaestro.com/?p=8235

INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA

Lc 1,26-38 nos invita en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción a contemplar la fe y disponibilidad de María, quien responde con un “sí” confiado al plan de Dios, recordándonos que nada es imposible para Él.

  • El saludo del ángel Gabriel: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1,28) revela la plenitud de gracia en María, fundamento del dogma de la Inmaculada Concepción: preservada del pecado original para ser morada digna del Hijo de Dios.
  • La respuesta de María: “Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho” (Lc 1,38). Su disponibilidad total es un acto de confianza radical en Dios, incluso ante lo humanamente imposible. La enseñanza para nosotros: La Inmaculada Concepción nos recuerda que Dios prepara con amor los caminos de la salvación. María es modelo de fe y obediencia, y su “sí” nos invita a abrirnos a la acción del Espíritu Santo en nuestra vida.
  • Un signo de esperanza: En un mundo que a veces parece hostil a la revelación, la figura de María nos asegura que Dios sigue actuando y que su gracia puede transformar lo imposible

Esta solemnidad es también una invitación a renovar nuestra confianza en Dios y a vivir con la certeza de que su gracia nos sostiene en cada paso.

Enlace permanente a este artículo: https://www.divinomaestro.com/?p=8230