la verdadera ceguera no está en los ojos, sino en el corazón

El relato del ciego de nacimiento es uno de los más luminosos del Evangelio. No solo porque termina con un hombre que recupera la vista, sino porque revela algo más profundo: la verdadera ceguera no está en los ojos, sino en el corazón.

En nuestro tiempo, este pasaje resuena de manera especial:

  1. Jesús ve lo que otros no ven

Mientras muchos pasan de largo, Jesús se detiene ante quien vive marginado, reducido a una etiqueta: “ciego”, “mendigo”, “pecador”. Hoy también abundan las etiquetas: migrante, pobre, improductivo, diferente, incómodo. Jesús sigue mirando más allá: ve la dignidad, la historia, la posibilidad.

  1. El barro que cura

Jesús mezcla tierra y saliva: un gesto humilde, casi escandaloso.

En nuestro tiempo, donde todo debe ser perfecto, rápido y limpio, Jesús nos recuerda que la salvación pasa por lo sencillo, lo frágil, lo cotidiano. A veces la luz llega a través de procesos lentos, de terapias, de acompañamientos, de conversaciones que parecen “barro”, pero que transforman.

  1. La resistencia a la luz

Los fariseos no niegan el milagro por falta de pruebas, sino por miedo a perder control. Hoy también hay resistencias:

  • sistemas que prefieren la oscuridad a la transparencia,
  • personas que se incomodan ante quienes cambian,
  • comunidades que expulsan en vez de acompañar.

La luz de Cristo descoloca, porque obliga a revisar estructuras, creencias y seguridades.

  1. El camino de fe del ciego

El hombre pasa de decir:

  • “Ese hombre llamado Jesús”,
  • luego “Es un profeta”,
  • y finalmente “Creo, Señor”.

Su fe crece mientras es cuestionado, rechazado y expulsado. Hoy también la fe madura en medio de tensiones, búsquedas, dudas y rupturas. La fe auténtica no es estática: es un camino hacia la luz.

5. Jesús busca al expulsado

Cuando lo echan, Jesús lo encuentra. Qué mensaje tan actual: cuando otros cierran puertas, Jesús abre caminos. Cuando la institución falla, Él permanece. Cuando la comunidad excluye, Él abraza.  (Crismon)

Domingo IV Cuaresma

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