Abr 05 2019

Yo no te condeno…

Latidos


Un Dios de corazón y no de ley. Una mirada de calor y no de hielo.
Un Señor de los nuestros, no distante. El padre para todos, no el príncipe de algunos.
Una Palabra que habla en los gestos: el pan compartido, la fiesta de los impuros, la denuncia del soberbio, la bienaventuranza del pobre, el envío de los débiles, la amistad con los solos, la mano firme que alza a la adúltera, la risa y el llanto de quien está vivo, la plegaria del hombre angustiado, el silencio ante el juez injusto, los brazos clavados en una cruz, el grito de perdón, un sepulcro sin muerto, los destellos del que vive para siempre.
¿Qué hay en el corazón de Dios? Un Amor eterno, cercano y apasionado.
Una pasión que sepulta a la muerte. Un grito que da sentido a la historia.
La voluntad inquebrantable. de abrirnos paso a la Vida.

(José María R. Olaizola, sj)


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Mar 28 2019

Vuelvo a casa


Hijo pródigo

Desde lejos, aterido, abrumado, nostálgico, culpable.
Incapaz de mirarte, avergonzado por los renglones torcidos de mi historia.
Indeciso. Atrapado tras el muro que yo mismo he levantado.
Curvado sobre mí, cada vez más solo, más triste, más roto.

Vuelve a casa”. “Vuelve conmigo”. “Vuelve pronto”. “Vuelve ahora.”

Tu canción se clava, como flecha en mi entraña.
No hiere. No mata. Es el amor salvando abismos para salvar personas.
Padre, he pecado contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo…

Calla, y abrázame. Hijo mío”.

Desde cerca, reconciliado, todo empieza de nuevo.

(José María R. Olaizola, sj)

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