Tú eres el PAN de mi vida

TOMAD

Tomad y comed, que esto es mi cuerpo, curtido por el sol de los caminos, forjado en el encuentro cotidiano con quien no tiene sitio en otras mesas.
Cuerpo que habla con caricias sanadoras, con miradas benévolas y una mano extendida hacia quien la necesite.
Tomad y bebed la vida a borbotones, el amor generoso la justicia inmortal, hasta que no haya más sed en las gargantas resecas.
Bebed, apurad hasta el fondo el cáliz de la vida
dispuesta a servir, que la sangre derramada será semilla de esperanza para quien hoy llora.
Y después, haced vosotros lo mismo.

 

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Haré llover pan del cielo para vosotros

COMPARTID

 

«Haced esto en memoria mía». Compartid el pan, el vino y la palabra.
Cuando el fracaso parezca desmembrarlo todo, cada persona, cada grupo, como cuatro caballos al galope tirando del vencido hacia los cuatro puntos cardinales, cuando el hastío vaya plegando cada vida aislada sobre sí misma, contra su propio rincón, pegadas las espaldas contra muros enmohecidos, cuando el rodar de los días arrastrando confusión, estrépito y consignas, impida escuchar el susurro de la ternura y el pasar de la caricia, cuando la dicha te encuentre y quiera trancar tu puerta sobre ti mismo,
como se cierra en secreto una caja fuerte, cuando estalle la fiesta común porque cayó una reja que apresaba la aurora, amanece más justicia, y la solidaridad crece, reuníos y escuchad, compartid el pan, compartid el vino, dejad brotar la dicha común y sustancial, el futuro escondido en este recuerdo mío inagotablemente vivo.
Benjamín González Buelta, sj

 

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