¡Envíame!

Cristo total (fragmento)


Jesucristo, nos dirigimos a Ti, no como a un lejano horizonte.
Tú estás cerca, eres el alma de nuestra alma, la intimidad de nuestra intimidad.
Siempre estamos contigo, porque somos carne de tu carne;
somos tu cuerpo.
Todo lo que sucede en el mundo, sucede dentro de nuestro Cuerpo de Cristo. Cada acto repercute en todos y cada uno. Nuestra pequeña tarea, nuestro esfuerzo minúsculo, tiene una potencia infinita porque es una gota en el caudal que empuja la turbina.
Por esto el mundo es sagrado: la calle está llena de Cristo. Reverentemente hay que recoger todas las migajas de hombre, porque allí estás Tú, Jesucristo. Si supiésemos ver, todo sería un éxtasis. Te amaríamos también en estos miembros magullados de tu eterna crucifixión.
Gracias, Señor, porque aun nuestra tarea profana es un gesto tuyo. Para hallarte no hay que retirarse en el egoísmo;
por el contrario, hay que sumergirse más en las cosas, hasta lo más profundo: exprimirlas hasta que gotee tu presencia.
(Luis Espinal, Sj: Oraciones a quemarropa)

 

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Dios no fuerza la fe

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Nos conformamos con lo sabido, con hábitos convertidos en ley, con imágenes inacabadas.

Preferimos la atrofia de límites seguros. Nos afanamos en hacer que el mundo encaje en dos esquemas.

Hasta a Dios lo apresamos en conceptos insuficientes. Matamos profetas, y silenciamos sabios.

Desechamos, con gesto incrédulo, la posibilidad de buenas noticias que no sean saldo y rutina.

Zarandéanos. Rompe las etiquetas que nos dejan dormir, pero no vivir. (José María R. Olaizola)

 

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