Por él, a causa de él, gracias a él…

El círculo de la vida

¿Se puede elegir el lugar para morir?
Todo depende si uno se anima a elegir el lugar para vivir.
Un lugar que lo hacen las personas, los compañeros y compañeras que cada uno va buscando.
Los encuentros no son casualidades, por eso, no pasamos de largo mientras seguimos andando.
¿Cómo arraigarme en el desarraigo? ¿Cómo encontrarme si me sigo despidiendo?
La vida me encuentra andando. La muerte misma se va llenando de más Vida. Vamos resucitando después de cada partida.
El resucitar tiene algo de circular, allí no hay delante ni hay detrás, el pasado se vuelve futuro y el futuro presente.
El tiempo se descubre unidad, lleno de significativos momentos, lleno de rostros, lleno de nombres, que, en el ?gracias?, nunca los perdemos de vista.
¿Es que uno puede elegir el lugar para morir?
No sé, porque al vivir resucitando la muerte ya no tiene lugar en el círculo de la vida y en sus rostros llenos de tantas historias y relatos
(Marcos Alemán, sj)

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Para Jesús no hay casos perdidos

Lo tuyo es darte


Nos empeñamos en apropiarnos de todo y nos quedamos solo con la frustración.
Queremos programar cada instante pero la vida se nos escapa de las manos.
Nos gustaría conocerlo todo y nos descubrimos los más ignorantes.
Soñamos con triunfar en cada proyecto pero el fracaso nos devuelve a nuestro sitio.
Lo tuyo es dar, darte, sin calcular. Lo nuestro es recibir, acoger, sin preguntar.
Solo me conozco al mirarme en Ti. Eres el manantial del que todo brota,
donde veo la primera luz y empiezo a correr.
Eres el mar, donde todo acaba hacia allá me dirijo, en Ti quiero descansar.
(Javi Montes, sj)

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Recordamos a Madre Soledad de la Cruz

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Cambia Señor nuestra mirada

UNO DE TANTOS

Te doy gracias, Señor, porque soy como los demás, tan lleno de poder y debilidad, tan movido por anhelos y sepultado por miedos, tan dispuesto a lo más divino y a lo más rastrero.
Te doy gracias porque mi corazón late, unos días con fuego, con pobre rescoldo otras veces; porque miro en el espejo de dentro y descubro cicatrices sanadas por ti, y heridas que aún supuran.
Por los errores, que atemperan la tentación de erigirme en juez de veredictos ajenos.
Por los aciertos, escuela de posibilidades.
Por la ternura y el amor, que a veces doy y siempre pido.
Por saberme tan de barro y tan de Ti.
(José María R. Olaizola, sj)

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Ilumina nuestra fe

Orar es perderse en un silencio habitado.
Es escuchar, anhelando la voz amiga.
Es confiar, más allá de la eficacia y el método.
Es pelear contra los propios demonios.
Orar es jugarse la vida a una promesa. Es hacer silencio para que se llene de música. Es confiar en lo prometido más allá de las evidencias.
Es jugarse el tiempo sin comodín ni garantías.
Orar es mirarse a un espejo distinto. Es amar una caricia intangible. Es hacerse niño en los anhelos y volcar lo frágil en un concierto sin música.
Orar es bailar con la niebla. Es darle libertad a Dios, para cantar o callar, para llamar o esperar.
Orar es recordar de otro modo.
(José María Rodríguez Olaizola, sj)

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