Abr 13 2019

Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre

Preguntas en Jerusalén

¿De qué valen los «Hossannah» si te volvemos la espalda?
¿Para qué tanto alboroto, si mañana callaremos, o gritaremos el nombre,
del barrabás de turno?
¿A dónde van las promesas que se lleva el viento?
¿A quién sirve el pan que se esconde y no se reparte?
Y los aplausos de hoy, ¿en qué se convertirán, si caes en desgracia?
¿Quién nos enseñará a amar, si encerramos el corazón en una jaula de piedra? Tú, Señor, nos traerás todas las respuestas en el pan partido,
en el amor crucificado, en el sepulcro vacío.
Es tiempo de contemplar, y escuchar tu Palabra.

(José María R. Olaizola, sj)

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Abr 05 2019

Yo no te condeno…

Latidos


Un Dios de corazón y no de ley. Una mirada de calor y no de hielo.
Un Señor de los nuestros, no distante. El padre para todos, no el príncipe de algunos.
Una Palabra que habla en los gestos: el pan compartido, la fiesta de los impuros, la denuncia del soberbio, la bienaventuranza del pobre, el envío de los débiles, la amistad con los solos, la mano firme que alza a la adúltera, la risa y el llanto de quien está vivo, la plegaria del hombre angustiado, el silencio ante el juez injusto, los brazos clavados en una cruz, el grito de perdón, un sepulcro sin muerto, los destellos del que vive para siempre.
¿Qué hay en el corazón de Dios? Un Amor eterno, cercano y apasionado.
Una pasión que sepulta a la muerte. Un grito que da sentido a la historia.
La voluntad inquebrantable. de abrirnos paso a la Vida.

(José María R. Olaizola, sj)


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Mar 28 2019

Vuelvo a casa


Hijo pródigo

Desde lejos, aterido, abrumado, nostálgico, culpable.
Incapaz de mirarte, avergonzado por los renglones torcidos de mi historia.
Indeciso. Atrapado tras el muro que yo mismo he levantado.
Curvado sobre mí, cada vez más solo, más triste, más roto.

Vuelve a casa”. “Vuelve conmigo”. “Vuelve pronto”. “Vuelve ahora.”

Tu canción se clava, como flecha en mi entraña.
No hiere. No mata. Es el amor salvando abismos para salvar personas.
Padre, he pecado contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo…

Calla, y abrázame. Hijo mío”.

Desde cerca, reconciliado, todo empieza de nuevo.

(José María R. Olaizola, sj)

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Mar 22 2019

Antes que sea tarde

Lo más importante

Lo más importante no es que yo te busque, sino que tú me buscas en todos los caminos [Gen 3, 9].

Que yo te llame por tu nombre, sino que tú tienes el mío tatuado en la palma de tus manos [Is 49, 16].

Que yo te grite cuando no tengo ni palabra, sino que tú gimes en mí con tu grito [Rom 8, 26].

Que yo tenga proyectos para ti, sino que tú me invitas a caminar contigo hacia el futuro [Mc 1, 17].

Que yo te comprenda, sino que tú me comprendes en mi último secreto [1Cor 13, 12].

Que yo hable de ti con sabiduría, sino que tú vives en mí y te expresas a tu manera [2Cor 4, 10].

Que yo te guarde en mi caja de seguridad, sino que yo soy una esponja en el fondo de tu océano [EE 335].

Que yo te ame con todo mi corazón y todas mis fuerzas, sino que tú me amas con todo tu corazón y todas tus fuerzas [1Jn 13, 1].

Que yo trate de animarme, de planificar, sino que tu fuego arde dentro de mis huesos [Jer 20, 9].

Porque, ¿cómo podría yo buscarte, llamarte, amarte… si tú no me buscas, llamas y amas primero? El silencio agradecido es mi última palabra. Y mi mejor manera de encontrarte.
(Benjamín G. Buelta, sj)

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