Dic 18 2020

Te necesito

Niña del sí…


Todo estaba pendiente de tu boca.
Igual que si los hombres, de golpe, se sintieran con la vida en las manos, detenida, como un reloj callado y a la espera.
Como si Dios tuviera que esperar un permiso… Tu palabra sería la segunda palabra y ella recrearía el mundo estropeado
como un juguete muerto que volviera a latir súbitamente.
Tú pondrías en marcha, otra vez, la ternura.
Orilla virginal de la palabra, niña del sí preñada con el Verbo, sin la más leve sombra de no, toda en el Día.
Dios encontraba en ti, desde el primer albor de tus latidos, la respuesta cabal a su pregunta sobre la Nada en flor…
Tú lo hacías dichoso desde el Tiempo.
Tu corazón se abría como una playa humilde, sin diques fabricados, y en la arena sumisa de tu carne el mar de Dios entraba enteramente.
Niña del sí desnudo, como un tallo de lirio
bajo el filo implacable de la Gloria…
Cuanto más cerca de la Luz vivías, más en la noche de la Fe topabas, a oscuras, con la Luz, y más hondas raíces te arrancaba tu sí, ¡niña del sí más lleno!
Tú diste más que nadie, cuando más recibías, infinita de seno y de esperanza.
¡Tú creíste por todos los que creen y aceptaste por todos…!
Dios empieza otra vez, con tu permiso, niña del sí, María.
Las alas de Gabriel abren el arco por donde pasa entera la Gloria de Yahvé.
El arca de tu seno, de madera de cedros incorrupta, viene con el Ungido.
La Primavera acecha detrás de Nazaret, regada por el llanto, y sobre las banderas blancas de los almendros el trino de tu voz rompe en el júbilo, humildemente solo.

(Pedro Casaldáliga)

 

 

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Dic 12 2020

Estad alegres, porque el Señor está cerca

Mantén siempre la alegría. Y no dejes de orar. Da gracias a Dios cada día, y por tanto bien recibido. Esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de ti. No apagues el espíritu. Y no desprecies el don de profecía que se te ha dado. Tienes que hablar en su nombre. Y examina la vida, quedándote con lo bueno. Guárdate de toda forma de maldad. Que el mismo Dios de la paz te consagre totalmente, y que todo tu espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la venida de Nuestro Señor Jesucristo. Él, que te ha llamado, es fiel y cumplirá sus promesas.

 

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