Hermano mayor
Con lo que yo te he dado, Señor, y tú, regalándote por igual a tus hijos díscolos.
Con lo que yo te he amado, y tú derramando tu amor sobre buenos y malos.
¿Cómo puedo hacerte ver que merezco más, necesito más, espero más?
¿No los vas a castigar? ¿No exigirás que purguen sus delitos? ¿Vas a seguir poniéndoles la mesa
para que devoren mi herencia? ¿No me darás a mí un premio?
¡No! No me intentes convencer confundiendo misericordia y justicia.
A mí, que desde joven te he dado todo.
Yo que no he fallado un día, cumplidor sin tacha…
¿Cómo es posible? Y tú, en silencio, me miras con dolor y paciencia por todo lo que no entiendo.
(José María R. Olaizola, sj)
Liturgia
Los comienzos de Dios en la historia son pequeños, escondidos, nocturnos, eternidad sin testigos en corazones humanos.
LUZ SIN SOMBRAS






