Venid y veréis…

Cómo crece el fruto tras la espera paciente.
Veréis al hombre duro arrojar la piedra al suelo, y volver a casa en paz.
Percibiréis los milagros que ocurren en torno, cuando vuelve la risa y se disipa el miedo, cuando se sueltan las losas que nos oprimen y se rompen las cadenas que nos impiden volar.
Venid, y acoged una palabra que ha de fecundar la historia. Venid conmigo, y con tantos otros a compartir la mesa de todos.

¡No quiero engañaros! Nos zarandearán las olas, nos acusará el incrédulo y en la cruz del desamor encontraremos a los  más rotos del mundo.
No será fácil. Pero venid conmigo,  y veréis la cruz vacía cuando la Vida entone su melodía definitiva.

(José María R. Olaizola, sj)

 

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Portadores de su Espíritu Santo

Conducido al desierto


Tierna fidelidad es lo que nos propones a cada uno de nosotros mientras en la fila esperas que te volvamos a bautizar.
Al pretender negarnos, sólo nos miras para volver a lavarnos los pies.
¿A dónde nos quieres llevar? ¿Qué nos quieres mostrar? ¿Por qué conviene que así suceda?
En los desiertos te vas dejando moldear buscando el último lugar entre los últimos para gritar en silencio y mostrarnos: «el Camino, la Verdad y la Vida». Un hijo atento a los deseos del Padre.
Se quiebra el cielo para que el Reino entre en la historia. Soplo de vida lanzado al viento y de nuevo conducido al desierto para ser tentado.

(Marcos Alemán, sj)

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