Compás de espera
No desesperéis, viandantes, soñadores, ingenieros de caminos nuevos.
¡Es verdad!
La noche se adentra y solo se rezan responsos de muerte a la vida, al amor, a la equidad, en un mundo ciego y sordo a todo lo que no sea «la misma dirección», «el mismo rumbo».
Pero, ¡Es Adviento!
Y Dios viene como fuego para incitar toda inquietud, unir su voluntad a la vuestra, y como viento huracanado ir derribando a cada paso una frontera, una valla, un inamovible obstáculo.
No os aflijáis más los que tenéis vedada la esperanza en el calendario de un día tras otro sin mañana, los náufragos de la desdicha, los de la mirada extraviada al perder todo lo que creíais vuestro.
Sabed que vuestra postración provoca náuseas, sin parar, en Dios.
Y tiene prisa el que quiere venir a vuestra carne, y en el poder revelador de un sueño, por boca de su ángel, musitaros: ¡Alégrate!
¡Levántate! ¡Sígueme!
Liturgia del domingo
Los evangelistas presentan a Jesús como el que viene a «bautizar con Espíritu Santo», es decir, como alguien que puede limpiar nuestra existencia y sanarla con la fuerza del Espíritu. Y quizá la primera tarea de la Iglesia actual sea precisamente la de ofrecer ese «bautismo de Espíritu Santo» a los hombres y mujeres de nuestros días.
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