Es urgente cambiar

Los comienzos de Dios en la historia son pequeños, escondidos, nocturnos, eternidad sin testigos en corazones humanos.
Una cuna de juncos en la corriente del Nilo, una llama de zarza en la soledad del desierto, el sí de una adolescente en la intimidad, un sueño para ser adivinado en la confusión de la noche, un profeta solo en el Jordán ante el futuro encarnado, una chispa luminosa al cruzarse dos miradas, un rubor en la mejilla al decir un nombre propio, un cuenco de agua fresca junto al brocal de un pozo, un vaso de vino en la mesa del publicano ladrón, un perfume de nardo ungiendo para la muerte.
¡Inicio infinito a la medida de nuestra pequeña estatura!
¡Regalo de la inmensidad que se entrega y no abruma!
¡Tú que dialoga y crece en la carne que lo acoge!
¡Respeto a lo que somos y a todo lo que seremos!
(Benjamín G. Buelta, sj

 

Liturgia

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Una oración que transforma

LUZ SIN SOMBRAS

Eres la luz, pero no una luz de sol que baña las criaturas en las orillas de la piel.
No eres la luz que deslumbra las miradas, ni con tu fulgor diluyes todo lo viviente.
Tú eres la luz que nos haces visibles desde dentro, amaneces cada día en el interior de los cuerpos por el oriente infinito de nuestro deseo, enciendes toda criatura y vuelves transparente el celemín que te encubre en nuestra noche.
Toda luz crea sombras, pero tú eres luz que las disipa.
¡Tantas criaturas beben ansiosas cada noche su ración de luces pasajeras en vasos seducidos!
Cuando yo las mire, ¿les brillará en mis ojos el reflejo amigo de tu luz, de su luz, que las habita
y desconocen?
(Benjamín G. Buelta, sj

 

Liturgia

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