Bienaventuranzas camino de felicidad

¡Ay de mí si no respiro, si no me alimento, si no quiero con locura!
Si no vibro con el júbilo del hermano.
¡Ay de mí si no tiemblo ante su dolor.
Si no abro los oídos para dejarme transformar por tu palabra, y no abro la boca para gritar una pregunta de fe; un veredicto de amistad; una promesa de curación; una canción de justicia.
¡Ay de mí si no abro las manos, liberadas al fin de piedras y cadenas, para dar, en ellas, calor, afecto y abrazo.
¡Ay de mí no por miedo o por amenaza, sino porque, no amando a tu manera no habré vivido!
Mas si, en mi debilidad, te dejo ser atalaya, no habrá lamento, derrota ni queja, habrá esperanza.
(José María R. Olaizola, sj)

 

Liturgia

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Y seré pescador de hombres…

Eres tú quien me llama


Me da vértigo oír tu llamada, me veo tan indigno.
No doy la talla, me agobia no llegar, decepcionarte.
Me intento escabullir, hacerme el sordo, buscar excusas.
Y cuando más agobiado estoy, cuando más duele no responder, cuando peor me siento, me doy cuenta de que ya estoy, ya soy parte de los tuyos, ya me has tomado tú.
No depende de mí y tengo que volver a aprenderlo.
Eres tú quien me llama y quien me da fuerza para responder. Solo tengo que soltar, dejarme llevar por ti, no dejarme de tu mano y cada día lo olvido.
Por eso me pierdo, por eso me siento solo y solo tengo que parar, mirarte, o sentir el tacto de tu mano en la mía.
(Javier Montes, sj)

 

Liturgia

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