
Lanzarse al camino, tras tus huellas, o tras una estrella.
Compartir las búsquedas. Pelear contra la costumbre convertida en cadena, contra la comodidad que invita a la apatía, contra el poder que quiere someter al amor.
Sortear las palabras tramposas, reconocer la verdad en esa forma tan Tuya de hacerte carne y sangre y lágrima y vida.
Asombrarse ante el misterio. Adorar lo pequeño, cantar lo sencillo.
Regalarse en canciones, versos o gestos. Eso es evangelio.
(José María R. Olaizola, sj)
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