Vivir la verdad del Evangelio

Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Los ve tristes y abatidos. Pronto no lo tendrán con él. ¿Quién podrá llenar su vacío? Hasta ahora ha sido él quien ha cuidado de ellos, los ha defendido de los escribas y fariseos, ha sostenido su fe débil y vacilante, les ha ido descubriendo la verdad de Dios y los ha iniciado en su proyecto humanizador.
Jesús les habla apasionadamente del Espíritu. No los quiere dejar huérfanos. Él mismo pedirá al Padre que no los abandone, que les dé “otro defensor” para que “esté siempre con ellos”. Jesús lo llama “el Espíritu de la verdad”. ¿Qué se esconde en estas palabras de Jesús?
Este “Espíritu de la verdad” no hay que confundirlo con una doctrina. Esta verdad no hay que buscarla en los libros de los teólogos ni en los documentos de la jerarquía. Es algo mucho más profundo. Jesús dice que “vive con nosotros y está en nosotros”. Es aliento, fuerza, luz, amor… que nos llega del misterio último de Dios. Lo hemos de acoger con corazón sencillo y confiado.

[su_button url=»http://www.musicaliturgica.com/0000009a2106d5d04.php» target=»blank» style=»flat» background=»#ef342d» size=»4″]Vivir la verdad[/su_button]

Enlace permanente a este artículo: https://www.divinomaestro.com/?p=5986

Acoger a Jesús como el camino, la verdad y la vida

El pan partido sació los estómagos vacíos. Las piedras no pudieron acallar la Voz del justo.

El sepulcro está vacío. Quedan unas vendas, una losa movida –porque la vida remueve las losas que nos apresan–, una ausencia, y un sendero que se pierde en el horizonte.

Allí se adivinan la paz, la concordia, la risa de los inocentes que ya no lloran amarguras ni derrotas.

Y los pies se mueven, casi sin darse cuenta, para perseguir las huellas de quien nos pide, hoy y siempre, seguir caminando.

(José María R. Olaizola, sj)


[su_button url=»http://www.musicaliturgica.com/0000009a2106d5d04.php» target=»blank» style=»flat» background=»#ef342d» size=»4″]Camino,verdad,vida[/su_button]

Enlace permanente a este artículo: https://www.divinomaestro.com/?p=5980

Dame, Señor, tu vida en abundancia

En tu abismo, quiero lanzarme y quiero habitar. En tu abismo, me dejo abrazar y contener. En tu abismo, todo mi ser se llena de vida vaciándome. En tu abismo, Vos mismo te fuiste descubriendo.

Sentado a la derecha del último para desde allí volver a recrear, para volver a recrearnos. Todo está cumplido en el abandono, la entrega y la confianza. Donde la Palabra se llena de silencios para parir libertades.

Libertades que nos nombran, que nos hacen ser. Tu abismo es el Camino, es la puerta estrecha. Tu abismo es el amanecer que hace nuevas todas las cosas y a nosotros también.
(Marcos Alemán, sj)

[su_button url=»http://www.musicaliturgica.com/0000009a2106d5d04.php» target=»blank» style=»flat» background=»#ef342d» size=»4″]Buen Pastor[/su_button]

Enlace permanente a este artículo: https://www.divinomaestro.com/?p=5972

Quédate conmigo, Señor

Señor de nuestro corazón, danos una visión que nos inspire y anime.

Dios de nuestro corazón, danos la sabiduría que necesitamos para seguir caminando.

Dios de nuestro corazón, danos coraje para sentirnos fuertes.

Dios de nuestro corazón, danos confianza para sentir tu consuelo.

Dios de nuestro corazón, ayúdanos a amar nuestra misión.

Dios de nuestro corazón, danos la gracia de arraigar nuestra vida en Ti.

[su_button url=»http://www.musicaliturgica.com/0000009a2106d5d04.php» target=»blank» style=»flat» background=»#ef342d» size=»4″]Camino de Emaús[/su_button]

Enlace permanente a este artículo: https://www.divinomaestro.com/?p=5965

2º Domingo de Pascua

Tomás

Posa tu mano en la herida del pecho atravesado, toca la muerte del corazón, las angustias abismales, los amores sin destino, los golpes del alma que nunca cicatrizan.


Mete tus dedos en las manos taladradas por el ácido corrosivo de los trabajos duros, por los cepos injustos, por las siegas sin salario.


Acaricia con la yema de tus dedos los pies perforados de los emigrantes sin más tierra que la pegada en sus heridas en cada paso errante.


No tengas miedo de palpar la huella de lanzas y de clavos. ¡Tus dedos sentirán en el fondo de cada herida un latido del resucitado!
(Benjamín González Buelta, sj)

[su_button url=»http://www.musicaliturgica.com/0000009a2106d5d04.php» target=»blank» style=»flat» background=»#ef342d» size=»4″]Santo Tomás[/su_button]

Enlace permanente a este artículo: https://www.divinomaestro.com/?p=5960