«Señor, socórreme»

Señor, bendice mis manos
para que sean delicadas y sepan tomar sin jamás aprisionar, que sepan dar sin calcular y tengan la fuerza de bendecir y consolar.
Señor, bendice mis ojos para que sepan ver la necesidad y no olviden nunca lo que a nadie deslumbra; que vean detrás de la superficie para que los demás se sientan felices por mi modo de mirarles.
Señor, bendice mis oídos para que sepan oír tu voz y perciban muy claramente el grito de los afligidos; que sepan quedarse sordos al ruido inútil y la palabrería, pero no a las voces que llaman y piden que las oigan y comprendan aunque turben mi comodidad.
Señor, bendice mi boca para que dé testimonio de Ti y no diga nada que hiera o destruya; que sólo pronuncie palabras que alivian, que nunca traicione confidencias y secretos, que consiga despertar sonrisas.
Señor, bendice mi corazón para que sea templo vivo de tu Espíritu y sepa dar calor y refugio; que sea generoso en perdonar y comprender y aprenda a compartir dolor y alegría con un gran amor.
Dios mío, que puedas disponer de mí con todo lo que soy, con todo lo que tengo.
(Sabine Naegeli)

 

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Fiesta de la Asunción

Los evangelistas presentan a la Virgen con rasgos que pueden reavivar nuestra devoción a María, la Madre de Jesús. Su visión nos ayuda a amarla, meditarla, imitarla, rezarla y confiar en ella con espíritu nuevo y más evangélico.
María es la gran creyente. La primera seguidora de Jesús. La mujer que sabe meditar en su corazón los hechos y las palabras de su Hijo. La profetisa que canta al Dios, salvador de los pobres, anunciado por él. La madre fiel que permanece junto a su Hijo perseguido, condenado y ejecutado en la cruz. Testigo de Cristo resucitado, que acoge junto a los discípulos al Espíritu que acompañará siempre a la Iglesia de Jesús.
Lucas, por su parte, nos invita a hacer nuestro el canto de María, para dejarnos guiar por su espíritu hacia Jesús, pues en el «Magníficat» brilla en todo su esplendor la fe de María y su identificación maternal con su Hijo Jesús.

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“Hombres de poca fe, ¿por qué dudáis?”

Oír tu silencio que nunca es acallado para poder mirar con tus ojos y, en tu propio abandono, descubrir abrazos.
Oír tu silencio que está lleno de crucificados, de mujeres maltratadas, de impuestos.
Que de maestro se hace esclavo, con toda la libertad, para lavarnos los pies.
Oír tu silencio para lanzarnos a lo nuevo.
Nuevos símbolos para el mismo misterio de amor.
Oír tu silencio de quien sabe lo que hace, cuando nosotros no sabemos qué hacer la Palabra se hizo Silencio para que la Vida rebrote en Grito arraigados en el mismo parto de una Nueva Alianza.
(Marcos Alemán, SJ)  

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Nada me puede separar de ti

Estás siempre alrededor. Eres el compañero discreto, el amigo incondicional, la presencia segura. Eres el alivio inesperado, la llamada imprevista, el cariño sincero.
Eres la palabra constante, la mirada profunda, el abrazo que sana.
Eres mi todo. Y nada. Nada me puede separar de ti.
Mira que a veces, sin quererlo, me alejo. Pero tú eres más fuerte que mis miedos. Me esperas al llegar a un nuevo puerto. Eres la calma tras la tormenta, la risa bajo las lágrimas, peregrino sorprendente, que apareces, a mi lado, cuando menos te esperaba. A este lado de mis dudas,
de los peligros, de las nostalgias.
Te me has vuelto Palabra hasta en silencio. Y no puedo dejar de pronunciarte.
(José María R. Olaizola, sj)

 

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Un tesoro sin descubrir

Solo tú


Porque nuestros proyectos se desmoronan y fracasan y el éxito no nos llena como ansiamos.
Porque el amor más grande deja huecos de soledad, porque nuestras miradas no rompen barreras, porque queriendo amar nos herimos, porque chocamos continuamente con nuestra fragilidad, porque nuestras utopías son de cartón y nuestros sueños se evaporan al despertar. Porque nuestra salud descubre mentiras de omnipotencia y la muerte es una pregunta que no sabemos responder.
Porque el dolor es un amargo compañero y la tristeza una sombra en la oscuridad. Porque esta sed no encuentra fuente y nos engañamos con tragos de sal.
Al fin, en la raíz, en lo hondo, solo quedas Tú. Solo tu Sueño me deja abrir los ojos, solo tu Mirada acaricia mi ser, solo tu Amor me deja sereno, solo en Ti mi debilidad descansa y solo ante Ti la muerte se rinde.
Solo Tú, mi roca y mi descanso.
(Javi Montes, sj)

 

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