En la debilidad nos haces fuertes Señor

Dichosa la Iglesia que renuncia a imponerse por la fuerza, la coacción o el sometimiento, practicando siempre la mansedumbre de su Maestro y Señor. Heredará un día la tierra prometida.
Dichosa la Iglesia que tiene «hambre y sed de justicia» dentro de sí misma y para el mundo entero, pues buscará su propia conversión y trabajará por una vida más justa y digna para todos, empezando por los últimos. Su anhelo será saciado por Dios.
Dichosa la Iglesia compasiva que renuncia al rigorismo y prefiere la misericordia antes que los sacrificios, pues acogerá a los pecadores y no les ocultará la Buena Noticia de Jesús. Ella alcanzará de Dios misericordia.
Dichosa la Iglesia de «corazón limpio» y conducta transparente, que no encubre sus pecados ni promueve el secretismo o la ambigüedad, pues caminará en la verdad de Jesús. Un día verá a Dios.
Dichosa la Iglesia que «trabaja por la paz» y lucha contra las guerras, que aúna los corazones y siembra concordia, pues contagiará la paz de Jesús que el mundo no puede dar. Ella será hija de Dios.
Dichosa la Iglesia que sufre hostilidad y persecución a causa de la justicia sin rehuir el martirio, pues sabrá llorar con las víctimas y conocerá la cruz de Jesús. De ella es el reino de Dios.

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«Venid en pos de mí…»

Gracias porque soy como los demás hombres

Te doy gracias Señor, porque soy como los demás hombres.
Intento estar seguro de mí ante tu ausencia, cuadro mi contabilidad para no ser sorprendido al final de la jornada.
Me comparo con los otros y miro desde arriba a los que juzgo pecadores, y en la comparación, no en ti, he puesto mi seguridad.
También yo tengo elaboradas condenas de moda, publicanos al servicio de los que imponen su imperio, pero escondo en la ambigüedad mis pecados de siempre, radicales trampas contigo, abismales cortes con el otro.
También yo tengo mis seguros de ahorros y diezmos, pequeñas monedas al contado con las que pretendo negociar la falta de entrega a tu misterio.
También yo salgo satisfecho de oírme a mí mismo de pie en el centro del templo.
Como los demás hombres, ya puedo abrirme a tu perdón dándome golpes de pecho al lado del publicano.

(Benjamín González Buelta, SJ)

 

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Francisco Blanco Nájera recordamos su partida al cielo

 

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Reconocer a Jesús…

Luz del mundo

En medio de la tiniebla se enciende una risa que despide el invierno de penas y fríos.
Se prenden hogueras que reavivan los cuerpos entumecidos.
Una palabra tierna rompe el silencio opresivo y el diálogo brota al fin, a borbotones.
Arde una lámpara que vacía las sombras de    fantasmas y miedos.
Dos amigos sellan la paz con un beso, y acaban con años de rencor y heridas.
En una mesa bien provista nadie queda fuera.
Somos risa y fuego, palabra y lámpara, beso y mesa, luz del mundo, hermanos, nacidos para iluminar la tierra.
(José María R. Olaizola, sj)

 

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