El amor verdadero está en la fuente de cuanto ilumina y enardece nuestro ser. El amor hace crecer, da vigor y sentido a nuestro vivir diario, nos recrea.
Cuando falta el amor, falta el fuego que mueve la vida. Sin amor la vida se apaga, vegeta y termina extinguiéndose. El que no ama se cierra y aísla cada vez más.
El amor está en el centro del evangelio, no como una ley a cumplir disciplinadamente, sino como un «fuego» que Jesús desea ver «ardiendo» sobre la tierra más allá de la pasividad, la mediocridad o la rutina del buen orden. Según el profeta de Galilea, Dios está cerca buscando hacer germinar, crecer y fructificar el amor y la justicia del Padre. Esta presencia del Dios amante que no habla de venganza sino de amor apasionado y de justicia fraterna es lo más esencial del Evangelio.
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Hemos de escuchar la invitación de Jesús a vivir vigilantes, «ceñida la cintura y encendidas las lámparas». Para vivir de forma más humana y más cristiana es necesario cuidar más «lo de dentro» y alimentar mejor la vida interior. No es extraño que un maestro espiritual de nuestros días afirme que el hombre contemporáneo necesita escuchar la célebre consigna de san Agustín: «volvamos al corazón.»
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Coloquio sobre la lucidez
Señor, me horroriza pensar que la codicia pueda echar redes y cadenas en mí,
y que no me dé cuenta hasta que sea demasiado tarde,
por eso te pido mucha lucidez para no caer en el engaño de buscar la seguridad y el sentido de la vida en el tener cada vez más;
te pido lucidez para no dejarme atrapar por el virus de la codicia.
Señor haz que pueda vivir el gozo y la paz que sólo da el hecho de repartir
y de compartir con los demás todo aquello que soy y que poseo.
Señor, puestos a pedir, haz que siempre resuenen en mi corazón aquellas palabras de Juan de la Cruz: «A la tarde, te examinarán en el amor; aprende a amar como Dios quiere ser amado y deja tu condición».
Señor me atrevo a pedirte que actives en mí el deseo de ser pobre de verdad, para poder abrir las puertas de mi casa de par en par y compartir con aquellos que más lo necesiten todo lo que soy y todo lo que tengo, porque tú me los has dado.
(Pep Baquer, sj)
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