
El evangelio nos presenta dos imágenes fuertes: la puerta y el pastor. Ambas hablan de relación, de confianza y de un modo muy particular de entender a Dios.
Jesús como la puerta
Jesús no es un obstáculo, ni un filtro, ni un guardián que excluye. Es la puerta que se abre, la que permite entrar en un espacio seguro, donde la vida se cuida y se hace crecer. Entrar por Él es entrar en un modo nuevo de vivir:
Donde la dignidad es respetada, donde la voz del amor guía, donde nadie es tratado como extraño.
La voz que reconoce y llama por su nombre
El pastor no empuja, llama. No grita, invita. No obliga, propone. La relación entre el pastor y las ovejas es de intimidad: las ovejas reconocen su voz porque han aprendido a escucharla en lo cotidiano.
Este evangelio nos pregunta: ¿Qué voces escucho? ¿Qué voces me confunden? ¿Qué voces me dan vida?
Vida en abundancia
Jesús no promete una vida sin dificultades, sino una vida llena, con sentido, con raíces, con horizonte. La abundancia de Jesús no es tener más, sino ser más: más libres, más compasivos, más capaces de amar.
El contraste con los ladrones y bandidos
Las voces que roban la vida no siempre son violentas; a veces son sutiles:
- el miedo,
- la comparación,
- la prisa,
- el perfeccionismo,
- la desesperanza.
Jesús se presenta como la voz que devuelve la vida, que rescata, que abre caminos. Crismon)
Domingo VI de Pascua







