
El relato de san Juan nos coloca ante un Jesús que no es arrastrado por los acontecimientos, sino que entra libremente en ellos. Desde el primer instante —cuando dice “Yo soy” y los guardias retroceden— se revela como el Señor que entrega la vida, no como una víctima pasiva. Su pasión es un acto de amor consciente, una decisión de fidelidad absoluta al Padre y a la humanidad.
En Juan, la cruz no es solo sufrimiento: es entronización, es el lugar donde Jesús “reina” mostrando la verdad del amor que no se defiende, que no hiere, que no huye. Su corona es de espinas, pero es corona. Su trono es la cruz, pero es trono. Su victoria es entregar el espíritu, no conservarlo.
Hay tres escenas que hoy resuenan con fuerza:
- El “Yo soy” que sostiene nuestra fragilidad
Cuando Jesús pronuncia su nombre divino, las fuerzas armadas caen al suelo. En medio de nuestras noches, miedos y contradicciones, ese “Yo soy” sigue siendo un ancla. No estamos solos: Alguien se adelanta, se entrega, nos protege. Cuando Jesús pronuncia su nombre divino, las fuerzas armadas caen al suelo. En medio de nuestras noches, miedos y contradicciones, ese “Yo soy” sigue siendo un ancla. No estamos solos: Alguien se adelanta, se entrega, nos protege.
- Pedro junto al fuego
Pedro niega, pero no deja de amar. Su debilidad no es el final, sino el comienzo de una historia nueva. El Viernes Santo nos recuerda que Dios no se escandaliza de nuestras caídas, sino que nos busca para levantarnos.
- “Ahí tienes a tu madre”
En el corazón del dolor, Jesús crea familia. No se encierra en su sufrimiento: nos regala a María, y nos regala unos a otros. La cruz se convierte en un hogar donde nadie queda huérfano.
- “Está cumplido”
No es un grito de derrota, sino de plenitud. Jesús ha amado hasta el extremo. Ha llevado la luz hasta el fondo de la oscuridad humana ha abrazado todo lo que somos para que nada quede fuera de la redención. Hoy, el silencio del sepulcro nos invita a confiar incluso cuando no vemos, a creer que Dios trabaja en lo oculto, en lo pequeño, en lo que parece perdido. (Crismon)







