“Los amó hasta el extremo”

En un mundo donde el amor suele ser rápido, condicionado y frágil, Jesús nos muestra un amor que no se retira, que no negocia, que no abandona. El evangelio dice que Jesús sabía que había llegado “su hora”, y aun así elige amar. No se encierra, no se protege, no huye. Ama.

Hoy, cuando tantas veces sentimos cansancio, saturación, ruido, Jesús nos recuerda que el amor verdadero no es emoción, sino decisión. Y su decisión es clara: quedarse, servir, inclinarse.

2. El gesto que descoloca: arrodillarse ante los suyos

Lavar los pies era tarea de esclavos. Jesús rompe toda lógica: el Maestro se hace servidor. En nuestro tiempo, este gesto podría traducirse así:

  • El que tiene poder, se hace cercano.
  • El que tiene razón, escucha primero.
  • El que tiene razón, escucha primero.
  • El que está herido, aun así, ofrece paz.
  • El que podría exigir, prefiere acompañar.

Jesús nos enseña que la verdadera autoridad no se impone, se entrega.

3. Pedro: la resistencia de nuestro corazón

Pedro no quiere dejarse lavar. Nos pasa igual: nos cuesta dejar que Dios toque nuestras zonas más frágiles, más sucias, más reales. Preferimos mostrarle a Dios lo que está “ordenado”, no lo que está roto. Pero Jesús insiste: “Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.” Es decir: Déjame entrar donde te duele. Déjame sanar lo que escondes. Déjame servirte para que tú puedas servir.

4. “Os he dado ejemplo”

El gesto no termina en Jesús: nos lo entrega. Hoy lavar los pies puede significar:

  • Perdonar cuando no apetece.
  • Escuchar sin juzgar.
  • Acompañar a quien está solo.
  • Servir sin esperar aplausos.
  • Cuidar a los más vulnerables.
  • Ser presencia de paz en medio del conflicto.

El Jueves Santo no es un recuerdo: es una misión. (Crismon)

 

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