40 días para volver al corazón.

El Miércoles de Ceniza abre un camino: cuarenta días para volver al corazón, para reencontrarnos con Dios sin máscaras, sin ruido, sin apariencias. Jesús, en este evangelio, nos invita a una revolución silenciosa: la revolución de lo escondido.

En un mundo donde todo se muestra, se publica y se mide por “likes”, Jesús nos recuerda que lo más verdadero ocurre donde nadie aplaude. La limosna, la oración y el ayuno no son gestos para exhibir, sino espacios de encuentro: con Dios, con los demás y con nosotros mismos.

  • “Que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”: Jesús nos propone una generosidad que no busca reconocimiento, sino transformar vidas desde la discreción.
  • “Entra en tu cuarto y ora a tu Padre en lo secreto”: En tiempos de hiperconexión, Él nos invita a la intimidad, a apagar el ruido para escuchar la voz que realmente importa.
  • “Perfúmate la cabeza y lávate la cara”: El ayuno no es tristeza ni dramatismo; es libertad interior, es elegir lo esencial, es recordar que no vivimos de pan solamente.

Hoy, este evangelio nos cuestiona con fuerza: ¿Qué parte de mi vida necesita volver a lo esencial? ¿Dónde busco aplausos en lugar de autenticidad? ¿Qué gestos puedo vivir en silencio para que Dios sea el protagonista?

La Cuaresma no es un peso, sino una oportunidad. Un tiempo para rasgar el corazón, como dice la primera lectura, y no la apariencia. Un tiempo para reconciliarnos, para sanar, para volver a empezar. (Crismon)

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