“No he venido a abolir, sino a dar plenitud.”

Este fragmento del Sermón del Monte es uno de los más exigentes y luminosos del Evangelio. Jesús no rebaja la Ley; la lleva a su raíz más profunda: el corazón. No basta con evitar el mal externamente; se trata de transformar la intención, la mirada, la palabra, la relación.

Hoy, en un mundo saturado de prisas, polarización, juicios rápidos y vínculos frágiles, estas palabras suenan casi revolucionarias:

✦ 1. La plenitud frente a la superficialidad:  Jesús nos invita a ir más allá del mínimo indispensable. En tiempos donde lo “suficiente” parece bastar, Él propone una ética del corazón:

 No basta con no matar; hay que sanar la ira. No basta con no cometer adulterio; hay que purificar la mirada. No basta con no jurar en falso; hay que vivir en transparencia.

La plenitud que Jesús ofrece no es perfeccionismo, sino coherencia interior.

✦ 2. La reconciliación como prioridad espiritual:  “Ve primero a reconciliarte con tu hermano.” En una sociedad donde abundan los desencuentros —familiares, comunitarios, digitales— Jesús coloca la reconciliación por encima incluso del culto. Hoy, reconciliar es un acto profético:

  • Pedir perdón, escuchar sin defenderse, renunciar a la última palabra, reconstruir puentes.

✦ 3. La mirada que dignifica:  Jesús denuncia la mirada que reduce al otro a objeto. En un mundo donde la imagen se consume, se compara y se usa, Él nos llama a mirar como Dios mira: con respeto, con pureza, con asombro. La conversión de la mirada es una revolución silenciosa que transforma relaciones, comunidades y modos de amar.

✦ 4. El sí que es sí: En tiempos de discursos ambiguos, promesas vacías y palabras que se desgastan, Jesús nos invita a recuperar la fuerza del “sí” y del “no”. La transparencia es un acto de libertad y de amor. (Crismon)

Llévame a la plenitud

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