Preparad el camino al Señor. Armaos con un mazo que derribe muros tire rencores y abra paso a la luz. A voz en grito salid a la calle, y decid que el amor viene, para ser bandera. Abrid los ojos para reconocer la grandeza del universo contenida en un «sí». Atended, y escucharéis una Palabra plantada en el corazón de la tierra. Y después, haced que el grito la mirada y la palabra se conviertan en profecía tan necesaria. (José María R. Olaizola, sj)
El Hijo quiere encarnarse, busca un vientre maternal abierto a todo el misterio para empezar a crecer, busca una playa en espera desplegada ante el mar infinito para hacerse una ola, busca una duda en la cueva de una frente para nacer en el frío, busca una ausencia en la oquedad de un corazón para iniciar una historia, busca una lágrima rodando por la mejilla para encenderla por dentro, busca una ruta clandestina por el agua y el desierto para emigrar con los pobres, busca un pueblo vacío con rutina de muchedumbres para encantarlo sin fin. (Benjamín González Buelta, sj)
¿Quién va a seguir a un rey que porta en su cabeza una corona de espinas? ¿Quién obedecería a un soberano al que dan palizas soldados del último ejército? ¿Quién se humillaría ante un trono que es la cruz donde mueren los delincuentes?
Pero si levanto la vista no puedo dejar de mirar tu entrega majestuosa. Sé que tus heridas son la prueba del inmenso poder del servicio. Tu vida arrebatada es la fuente de la mía, de mi vida eterna. ¿Qué sería de mí sin ti, mi rey, mi Señor, mi todo? Ayúdame a construir tu reino, a ser tu reino, a ser de tu reino. (Javi Montes, SJ)