Se llenaron de inmensa alegría. Vieron al Niño con María y, postrándose, le adoraron; le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra.

El relato de los magos ha sido visto por los Padres de la Iglesia como ejemplo de unos hombres que, aun viviendo en las tinieblas del paganismo, han sido capaces de responder fielmente a la luz que los llamaba a la fe. Son hombres que, con su actuación, nos invitan a escuchar toda llamada que nos urge a caminar de manera fiel hacia Cristo.

Nuestra vida transcurre con frecuencia en la corteza de la existencia. Trabajos, contactos, problemas, encuentros, ocupaciones diversas, nos llevan y traen, y la vida se nos va pasando llenando cada instante con algo que hemos de hacer, decir, ver o planear.

Corremos así el riesgo de perder nuestra propia identidad, convertirnos en una cosa más entre otras y vivir sin saber ya en qué dirección caminar. ¿Hay una luz capaz de orientar nuestra existencia? ¿Hay una respuesta a nuestros anhelos y aspiraciones más profundas? Desde la fe cristiana, esa respuesta existe. Esa luz brilla ya en ese Niño nacido en Belén.

Lo importante es tomar conciencia de que vivimos en tinieblas, de que hemos perdido el sentido fundamental de la vida. Quien reconoce esto no se encuentra lejos de iniciar la búsqueda del camino acertado.

Ojalá en medio de nuestro vivir diario no perdamos nunca la capacidad de estar abiertos a toda luz que pueda iluminar nuestra existencia, a toda llamada que pueda dar profundidad a nuestra vida.

 

Liturgia

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Dejemos que nuestro corazón se sienta penetrado por esa vida de Dios que quiere habitar en nosotros

Nunca te has ido

Detrás de mis planes por encima de mis frustraciones al hondo de mis sueños y deseos tras mi autoimagen exigente y antes que los primeros recuerdos más al centro que mi propio ser estás Tú dándote.
Mi primer aliento fue tuyo mi cuerpo tiene las huellas de tus dedos mi primer latido llevaba tu sangre y mi primer deseo es permanecer a tu lado. Y aunque a veces no te siento y hasta llego a dudar que todo fuera mentira, cuando menos lo espero descubro que nunca te has ido.

 

Liturgia

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Ven Señor a nuestra vida

Señor de la cercanía

 

Acercarte, salvando el abismo entre el infinito y lo limitado.
Salir de la eternidad para adentrarte en el tiempo.
Hacerte uno de los nuestros para hacernos uno contigo.
Y así, de carne y hueso, empezar a mostrarnos en qué consiste la humanidad.
Eres el Dios de la cercanía, de los incluidos, de los encontrados, pues para ti nadie se pierde.
De los reconciliados, de los equivocados, de los avergonzados, de los heridos, de los sanados.
Eres el Señor de los desahuciados, de los agobiados, de los visitados, de los intimidados, de los amenazados, de los desconsolados, de los recordados, pues para ti nadie se olvida. Tan cerca ya, tan con nosotros, Dios.
(José María R Olaizola sj

 

Nochebuena

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