¿Quién va a seguir a un rey que porta en su cabeza una corona de espinas? ¿Quién obedecería a un soberano al que dan palizas soldados del último ejército? ¿Quién se humillaría ante un trono que es la cruz donde mueren los delincuentes?
Pero si levanto la vista no puedo dejar de mirar tu entrega majestuosa. Sé que tus heridas son la prueba del inmenso poder del servicio. Tu vida arrebatada es la fuente de la mía, de mi vida eterna. ¿Qué sería de mí sin ti, mi rey, mi Señor, mi todo? Ayúdame a construir tu reino, a ser tu reino, a ser de tu reino. (Javi Montes, SJ)
Señor, Tú eres mi aquí y mi ahora. No sé el día ni la hora en que me tocará partir. Eso lo confío en tus manos. No quiero vivir con miedo.
Mientras tanto, deseo afrontar cada día como si fuera el último, sacándole todo el jugo y sabor. Mi aquí y mi ahora es: amar sin dejar nada para mañana, abrazar sin reservar ninguna muestra de cariño y bondad, perdonar sin dejar huellas de rencor y resentimiento, entregarme con una toalla y un lebrillo entre los pies polvorientos y cansados de los hermanos, contagiar tu re¡no y entusiasmar los corazones apagados, caminar levantando rutas de justicia, construyendo nueva humanidad, familia con todos. Todo pasa. El cielo y la tierra, los éxitos y los fracasos, los desamores y las tristezas. Lo único que queda es tu amor y el amor que hayamos ido dejando en nuestro paso por esta hermosa tierra. Tú eres mi aquí y mi ahora, pero también mi futuro más feliz.
Divino Maestro, sol de nuestra escuela y de nuestra vida, fuerza que nos ayuda a caminar a seguir sembrando con ilusión tú mensaje por el mundo entero, guía que ilumina nuestros pasos y nos llevas por senderos de justicia, paz, bien y amor.
Enséñanos a vivir con coherencia en un mundo que continuamente nos invita a vivir en comodidad, consumismo, desilusión… Enséñanos a tener nuestros ojos abiertos y nuestros oídos dispuestos a escuchar tantas voces que nos llaman e interpelan, que necesitan de nuestra presencia, de nuestra cercanía, de nuestro testimonio de fe y alegría, de nuestra ayuda.
Regálanos tu Espíritu, para saber discernir en cada momento tus caminos, tu llamada. Para poder responder pronta, generosamente a la misión que nos has encomendado.
Ayúdanos a pasar por este mundo, llevando la luz de tu verdad y el fuego de tu amor a tantos niños, jóvenes y personas necesitadas de tu fuerza, de tu amor… Divino Maestro, bendice nuestra Congregación, a cada hermana que forma parte de ella, a los Cooperadores Seglares. Bendice nuestra familia Divino Maestro esparcida por el mundo, únenos en tu amor y en la misión.
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