Convierte y cree

Conversión

Sigue curvado sobre mí, Señor, remodelándome, aunque yo me resista.
¡Qué atrevido pensar que tengo yo mi llave! ¡Si no sé de mí mismo!
Si nadie, como Tú, puede decirme lo que llevo en mi dentro.
Ni nadie hacer que vuelva de mis caminos que no son como los tuyos.
Sigue curvado sobre mí tallándome aunque, a veces, de dolor te grite.
Soy pura debilidad, Tú bien lo sabes, tanta, que, a ratos, hasta me duelen tus caricias.
Lábrame los ojos y las manos, la mente y la memoria, y el corazón, que es mi sagrado, al que no Te dejo entrar cuando me llamas.
Entra, Señor, sin llamar, sin mi permiso.
Tú tienes otra llave, además de la mía, que en mi día primero Tu me diste, y que empleo, pueril, para cerrarme.
Que sienta sobre mí tu «conversión» y se encienda la mía del fuego de la Tuya, que arde siempre, allá en mi dentro.
Y empiece a ser hermano, a ser humano, a ser persona.
(Ignacio Iglesias, sj)

 

Liturgia del domingo

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Me tocas, me sanas, me salvas.

Tú me sanas y me salvas
Me sanas levantándome tras mi última caída y me salvas cuando al alzarme descanso en tu abrazo.
Me sanas volviéndome a mostrar que merezco tu amor y me salvas cuando me ayudas a reconocer tanta gracia.
Me sanas limpiando mi piel de lepras que me avergüenzan y me salvas cuando de tu mano vuelvo a la comunidad.
Me sanas porque lo tuyo es sanar y me salvas porque solo en ti puedo ser lo que sueñas.
No dejes de sanarme, no dejes de salvarme.
(Javi Montes, SJ)

 

Liturgia del domingo

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Amor por la vida

A tiempo y a destiempo, en cualquier lugar, a cualquier hora, con el viento de espalda o un huracán a la contra; alegre o afligido, sereno o exaltado, descansado o exhausto, lleva el Amor por bandera.
No cejes en el intento de compartir la justicia.
No acomodes la Palabra en nombre de la prudencia, no adulteres la esperanza,
proclama la Vida plena de quien con su voz nos llama y con su historia nos llena.
No niegues que eres apóstol, no olvides que eres profeta, portador de una noticia que ha de atravesar la guerra, que ha de romper las paredes y ha de fecundar la tierra.

(José María R. Olaizola sj)

Liturgia del domingo

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