Muro de carga
A menudo, ni estás ni se te espera. Otras, como que llegas y te vas.
¿Dónde habitas confianza?
Muro de carga de mi inestable vida. Tan diminuta te arrancaron de mis manos,
que nunca supe pensarte ingente, apoyarme en ti.
Durante muchos años imaginé que crecerías con el tiempo, con la edad.
Que te harías grande cuando yo lo fuera. Un resultado cualquiera de mi esfuerzo, de mi ingenio y de mi entrega.
Ahora que voy de vuelta en la vida, de triunfalismos falsos, sé que nunca se te conquista.
Y hasta tu estatura, últimamente, se muestra inversa a la mía: Tú más fuerte
cuando yo más endeble.
¡Devuélveme a tu casa, confianza! Extírpame uno a uno, los apremios, los agobios, los perfeccionismos.
Gradúa con paciencia mis torpes ojos, hasta que aprendan a ver cómo en las pequeñas cosas y en las personas pequeñas sigues forjando los cimientos de un nuevo mundo por hacer.
(Seve Lázaro, sj)
Liturgia del domingo
¿No estamos de nuevo ante hombres y mujeres «enfermos» que necesitan ser curados, «muertos» que necesitan resurrección, «poseídos» que esperan ser liberados de tantos demonios que les impiden vivir como seres humanos? Hay personas que, en el fondo, quieren volver a vivir. Quieren curarse y resucitar. Volver a reír y disfrutar de la vida, enfrentarse a cada día con alegría.
Cuerpo de Cristo






