Nos gusta volver al Tabor. Allí, por un instante te descalzas, bajas la guardia, alzas la copa y brindas por el amor, la amistad, el Dios evidente allí te gusta quién eres, la música acuna, el espejo te devuelve una alegría serena y estás en casa…
Ayuno, oración y limosna, herramientas que nos ayudan a ponernos a punto para celebrar nuestra fiesta grande.
Al fin, en la raíz, en lo hondo, solo quedas Tú. Solo tu Sueño me deja abrir los ojos, solo tu Mirada acaricia mi ser, solo tu Amor me deja sereno, solo en Ti mi debilidad descansa y solo ante Ti la muerte se rinde. Solo Tú, mi roca y mi descanso.
(Javi Montes, SJ)
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