Oración por la paz

«Dios omnipotente y misericordioso, Señor del Universo y de la historia humana.

Todo lo que has creado es bueno, y tu compasión por el hombre, que te abandona una y otra vez, es inagotable.

Venimos hoy a implorarte que ampares al mundo y a sus habitantes con la paz, alejando de él el destructivo oleaje del terrorismo, restaurando la amistad y derramando en los corazones de tus criaturas el don de la confianza y la prontitud para perdonar.

Dador de la vida, te pedimos también por todos los que han muerto, víctimas de los brutales ataques terroristas. Concédeles la recompensa y la alegría eternas. Que intercedan por el mundo, sacudido por la angustia y desgracias.

Jesús, Príncipe de la Paz, te rogamos por los heridos en los ataques terroristas: los niños y los jóvenes, las mujeres y los hombres, los ancianos, las personas inocentes y los que han sido agredidos por casualidad. Sana su cuerpo y el corazón, que se sientan fortalecidos por tu consuelo, aleja de ellos el odio y el deseo de la venganza.

Santo Espíritu Consolador, visita a las familias que lloran la pérdida de sus familiares. Que encuentren en Ti la fuerza y el valor para continuar siendo hermanos y hermanas de los demás, especialmente de los extranjeros y los inmigrantes, testimoniando con su vida tu amor…»

Papa Francisco

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Transfiguración del Señor

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Poneos de pie y seguidme. No tengáis miedo a vivir escuchándome a mí.

“Qué bien se está aquí, hagamos tres tiendas”.
Humana disposición a echar raíz en lo apacible.

Pero hay que volver a la brega diaria.
Hay que volver, una y otra vez, al amor aterrizado, a la intemperie, a los caminos
que recorremos cargados de nombres y de preocupación cotidiana.

Hay que volver a las encrucijadas donde toca optar, renunciar y elegir;
a los días intensos, de búsquedas, ojeras, anhelos y horas estiradas.

Hay que volver a los días grises, a las preguntas, al no saber, a la inseguridad
reflejada en un espejo, a la tenacidad y a la resistencia.

Hay que volver a lo acostumbrado; pero no con desgana o arrastrando la existencia
y el ánimo, sino con la gratitud y la esperanza por banderas.

(José María R. Olaizola sj)

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A los sencillos – 14º Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A

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Aprender de lo sencillo…

“Venid a mí”, bramó la tormenta, invitándonos a adentrarnos en su intemperie llena de posibilidades.

“Venid a mí”, dijo la luz, alejando de nosotros el temor a la sombra.

“Venid a mí”, propuso la esperanza, convertida en caricia para quienes andaban cansados y afligidos.

“Venid a mí”, exclamó la pasión, prometiendo un nuevo fuego al rescoldo de corazones que en otro tiempo ardieron.

“Venid a mí”, exigió la justicia, herida –en las víctimas– por tanta mentira dicha en su nombre.

“Venid a mí”, susurró el silencio, mostrando, con los brazos abiertos, una forma distinta de cantar.

“Venid a mí”, gritó la soledad, cansada de deserciones y abandono.

“Venid a mí”, pidió el dolor, ofreciendo su rostro herido para que la compasión lo acunase.

“Venid a mí”, llamó el Dios de los encuentros.

Y fuimos. A veces vacilantes, con toda nuestra inseguridad a cuestas.
Pero fuimos.

(José María R. Olaizola sj)

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