La parábola de los dos hijos
En este Evangelio, Jesús presenta la historia de un padre que pide a sus dos hijos que vayan a trabajar a la viña. El primero responde: «No quiero», pero después se arrepiente y va. El segundo responde: «Sí, señor», pero finalmente no va. Entonces Jesús pregunta: «¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?»
La respuesta es sencilla: no basta con decir «sí»; lo importante es vivir ese «sí» con hechos. Dios no busca palabras hermosas ni promesas vacías. Busca corazones capaces de convertirse, de cambiar de rumbo y de responder con obras concretas a su amor.
Muchas veces podemos parecernos al segundo hijo: hablamos de fe, expresamos buenos deseos y manifestamos disponibilidad para Dios, pero nuestras acciones no siempre reflejan lo que decimos. Otras veces nos identificamos con el primer hijo: resistimos, dudamos o nos alejamos, pero al final escuchamos la voz de Dios y decidimos volver.
La gran enseñanza de Jesús es que nunca es tarde para cambiar. La conversión auténtica vale más que las apariencias religiosas. Los publicanos y las prostitutas, considerados pecadores por la sociedad de su tiempo, acogieron el llamado de Dios y transformaron su vida. En cambio, muchos de quienes se creían justos no fueron capaces de abrir su corazón.
El Señor nos invita hoy a revisar nuestra coherencia. No pregunta cuánto sabemos de la fe ni cuántas veces hablamos de ella, sino cuánto estamos dispuestos a vivirla. (Crismon)
Para meditar
- ¿Hay alguna área de mi vida donde digo «sí» a Dios, pero actúo como si dijera «no»?
- ¿Qué invitación concreta del Señor he estado posponiendo?
- ¿Estoy dispuesto a cambiar y comenzar de nuevo hoy?







