
XVII Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A
El Evangelio presenta tres imágenes del Reino:
– El tesoro escondido
– La perla de gran valor
-La red que recoge toda clase de peces
1. El Reino como tesoro y perla: Jesús insiste en que el Reino vale más que todo lo demás. El hombre que encuentra el tesoro y el comerciante que halla la perla venden todo para obtener aquello que han descubierto. No es un sacrificio triste: es una decisión nacida de la alegría.
El Reino no es una carga, sino una experiencia de plenitud que transforma prioridades. Cuando uno descubre a Dios vivo en su vida, lo demás se ordena: lo que antes parecía imprescindible, ahora se relativiza; lo que antes parecía pequeño, ahora brilla.
2. La red que recoge peces buenos y malos: La tercera parábola introduce un matiz distinto: el Reino es también un proceso de discernimiento. La red recoge de todo, pero al final se separa lo bueno de lo malo.
Esto no es una amenaza, sino una invitación a vivir con coherencia. El Reino no es solo un tesoro que se encuentra, sino una vida que se construye día a día, donde nuestras decisiones van moldeando quiénes somos.
3. Lo nuevo y lo antiguo: Jesús concluye con una imagen preciosa: El escriba del Reino es como un padre de familia que saca de su arca lo nuevo y lo antiguo.
El Reino no destruye lo que somos: lo integra, lo renueva, lo ilumina. La tradición y la novedad no se excluyen; se abrazan. La fe no es repetición mecánica ni improvisación sin raíces: es memoria viva y creatividad espiritual
Idea central para este domingo: El Reino de Dios es un tesoro que transforma, una perla que reordena la vida, una red que purifica el corazón, y una sabiduría que integra pasado y presente. (Crismon)







