«Paz a vosotros»

Pentecostés no comienza en el viento impetuoso de Hechos 2; comienza en este pequeño cuarto cerrado donde los discípulos están paralizados por el miedo. El Evangelio de Juan nos muestra el Pentecostés íntimo, el que ocurre en el corazón antes que en la plaza.

Jesús entra en nuestros encierros

Los discípulos están “con las puertas cerradas por miedo” . Ese miedo no es solo circunstancial: es existencial. Se sienten fracasados, culpables, desorientados.

Y Jesús entra. No toca. No exige. No reprocha. Se coloca “en medio”, justo donde está la herida. Pentecostés comienza cuando dejamos que Jesús entre en esos lugares donde no dejamos entrar a nadie.

La paz como primer don del Espíritu

Su primera palabra es: “Paz a vosotros”. No es un saludo: es un don. La paz del Resucitado no es ausencia de problemas, sino presencia de Dios en medio de ellos. Antes de enviar, Jesús pacifica. Antes de soplar el Espíritu, cura el corazón.

Las heridas como lugar de revelación

Jesús “les enseñó las manos y el costado”. Las llagas no desaparecen con la resurrección: se vuelven fuente de alegría. Pentecostés no borra la historia: la transfigura. El Espíritu no elimina nuestras heridas: las convierte en misión.

Enviados como Él fue enviado

“Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo” . La misión nace del encuentro con el Resucitado. No es activismo, no es estrategia: es continuar el estilo de Jesús. Pentecostés no es un evento espectacular: es un envío humilde, cotidiano, encarnado.

El soplo que recrea

“Dicho esto, sopló sobre ellos” . Este gesto recuerda el soplo de Dios sobre el barro en Génesis. Aquí Jesús recrea, renueva, levanta. El Espíritu no es un adorno espiritual: es el aliento que nos permite vivir como hijos.

El Espíritu como fuerza de reconciliación

“A quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados” El primer fruto del Espíritu es la reconciliación. No hay Pentecostés sin perdón. No hay Espíritu sin puentes. La Iglesia nace como comunidad que sana, no como institución que controla. (Crismon)

 

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