Cambia Señor nuestra mirada

UNO DE TANTOS

Te doy gracias, Señor, porque soy como los demás, tan lleno de poder y debilidad, tan movido por anhelos y sepultado por miedos, tan dispuesto a lo más divino y a lo más rastrero.
Te doy gracias porque mi corazón late, unos días con fuego, con pobre rescoldo otras veces; porque miro en el espejo de dentro y descubro cicatrices sanadas por ti, y heridas que aún supuran.
Por los errores, que atemperan la tentación de erigirme en juez de veredictos ajenos.
Por los aciertos, escuela de posibilidades.
Por la ternura y el amor, que a veces doy y siempre pido.
Por saberme tan de barro y tan de Ti.
(José María R. Olaizola, sj)

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