El evangelista destaca es un doble diálogo que arroja una luz inmensa sobre nuestro presente, y nos abre los ojos para ver que, en definitiva, hay dos maneras de reaccionar ante los que sufren: nos compadecemos y les ayudamos, o nos desentendemos y los abandonamos.
El que habla es un Juez que está identificado con todos los pobres y necesitados: «Cada vez que ayudasteis a uno de estos mis pequeños hermanos, lo hicisteis conmigo». Quienes se han acercado a ayudar a un necesitado, se han acercado a él. Por eso han de estar junto a él en el reino: «Venid, benditos de mi Padre».
Nuestra vida se está jugando ahora mismo. No hay que esperar ningún juicio. Ahora nos estamos acercando o alejando de los que sufren. Ahora nos estamos acercando o alejando de Cristo. Ahora estamos decidiendo nuestra vida.
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Si el pintor entierra sus pinceles y la bailarina sus zapatillas. Si el cantor se calla y el sabio olvida. Si se apaga el fuego. Si muere el viento. Si se seca el pozo. Si el novelista deja de imaginar y el fotógrafo cierra los ojos… …¿Quién dibujará las olas? ¿Quién trazará, con su cuerpo, siluetas imposibles? Nadie cantará. Se disipará la memoria, maestra de niños y roca de ancianos. Huirá el calor de la piel, y del alma. Se detendrá el molino. Se extenderá la sed por el mundo. Los pobladores de relatos eternos no llegarán a nacer. Nadie apresará la magia fugaz de un instante. ¡No bajes los brazos! ¡No entierres el talento en la tierra amarga de la inseguridad y el desaliento! ¿Cuándo descubrirás la grandeza que hay en tus manos, el poder que hay en tus sueños? (José María R. Olaizola sj)
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