Como Tomás… también dudo y pido pruebas. También creo en lo que veo. Quiero gestos. Tengo miedo. Solicito garantías. Pongo mucha cabeza y poco corazón. Pregunto, aunque el corazón me dice: «Él vive». No me lanzo al camino sin saber a dónde va. Quítame el miedo y el cálculo. Quítame la zozobra y la lógica. Quítame el gesto y la exigencia. Dame tu espíritu, y que al descubrirte, en el rostro y el hermano, susurre, ya convertido: «Señor mío y Dios mío». (José María R. Olaizola sj)
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Estalló desde dentro la vida. No había losa capaz de resistir la pujanza de un amor inmortal. La tristeza aún no lo sabía, pero había perdido la batalla. El dolor alumbró la fiesta. El llanto fue antesala del abrazo jubiloso. Los mercaderes de odio estaban arruinados. Dios reía. Y nosotros, empezamos a comprender. (José María R. Olaizola, sj)
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Jesús en la cruz es un grito permanente contra la injusticia, contra cualquier injusticia. Los cristianos hemos hecho de la cruz nuestro signo. Lo que para otros es signo de suprema humillación. Lo que visto con ojos humanos no tiene sentido ninguno. Lo que es del fracaso definitivo de Jesús, se convierte para los creyentes en el signo de la victoria. Porque el grano de trigo que muere es el único capaz de engendrar nueva vida. Porque en la cruz, en la muerte de Jesús en la cruz, es cuando comienza la resurrección.
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