Tú Palabra es luz en el camino

Bendito seas, hombre o mujer, de toda lengua y nación, de cualquier era, habitante de la tierra
y del tiempo. Dios susurra tu nombre desde la eternidad, un nombre único y distinto, cambiante con las edades, con la vida, con la historia.
Ese nombre es bendición. Y es, a veces, caricia. Es llamada, es, incluso, el reproche de quien se fía de ti y sabe que puedes dar más, amar más, volar más. Bendito seas, al descubrir la hermosura única con que el primer artista trazó tus rasgos.
Al encontrar en tu palabra el eco de su Voz. Al reconocer la grandeza, en la semilla plantada en ti. Al romper tu coraza y abrazar el mundo.

(José María R. Olaizola sj)

Tiempo de Navidad

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¡Feliz año nuevo! ¡Feliz día de María!

 

 

En el comienzo de este nuevo año,
junto a María, madre de Dios y madre de la Iglesia,
te ofrezco lo que soy para que, como en ella,
mi vida sirva a esta historia de amor con la humanidad
que quieres tejer con nosotros, desde siempre y para siempre.
Que así sea.

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Quiero nacer contigo

Quisiste venir en el camino, Dios inquieto, desde todos los tiempos
apasionado de los éxodos y viajes.
En medio de la incertidumbre, en la intemperie, en el sin saber a dónde, allí eliges estar.

Quisiste venir en la noche, Dios escondido, porque quizás allí la luz brille más, porque necesitabas de la intimidad para empezar a balbucear tu llanto. Porque elegiste a los pequeños para estar con vos. Porque quieres habitar también nuestras noches. Porque quieres allí susurrarnos «no teman».

Quisiste venir sin grandes milagros, Dios discreto, sin más señal que tu llanto y tu presencia. Un pañal y los brazos de tu madre, el silencio de José y de algunos animales.

Quiero nacer contigo a tanta Vida prometida. Regálame Señor, la fe inquieta, escondida y discreta, para hacer camino en la noche confiando en la serena certeza de tu presencia cercana.

Quisiste venir en la noche, Dios escondido, porque quizás allí la luz brille más, porque necesitabas de la intimidad para empezar a balbucear tu llanto. Porque elegiste a los pequeños para estar contigo. Porque quieres habitar también nuestras noches. Porque quieres allí susurrarnos «no teman».

Quisiste venir sin grandes milagros, Dios discreto, sin más señal que tu llanto y tu presencia. Un pañal y los brazos de tu madre, el silencio de José y de algunos animales. Quiero nacer contigo a tanta Vida prometida. Regálame Señor, la fe inquieta, escondida y discreta, para hacer camino en la noche confiando en la serena certeza de tu presencia cercana.

(Matías Hardoy)

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