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Dic 31 2023
María Madre de Dios
Hágase
Hágase la luz en la tiniebla, y la paz en la batalla.
Hágase la risa en el sollozo y la cura en el desgarro.
Hágase susurro el grito amargo, que brote la esperanza donde hay odio y los muros nos impiden tender manos.
Que tu voz nos devuelva el paso firme donde el miedo nos hizo descuidados.
Que se rompan los diques que retienen un amor que no siempre regalamos.
Hágase tu verdad en nuestros ruidos.
Hágase tu palabra en nuestro canto.
Que tu reino se vuelva desafío.
He aquí tus hijos, fieles, esperamos un respiro, más fe, algún que otro abrazo.
Hágase, Señor, tu sueño eterno.
Hágase tu Vida en nuestro barro.
(José María R. Olaizola, sj)
Liturgia del domingo
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Dic 28 2023
Fiesta de la Sagrada Familia
En familia
Donde nos conocemos a fondo, y nos queremos como mejor sabemos.
Donde la casa es historia, hogar y memoria, y la puerta está abierta.
Donde se dicen las cosas más claras.
Donde tienes tu raíz y tu entraña, donde te quitas el maquillaje y te pones las zapatillas.
Pero también donde nos tenemos sin apresarnos, que habrá que volar del nido un día.
Donde no siempre pensamos igual, creemos de distintos modos, y soñamos sueños diferentes porque es la misma sangre pero varios corazones.
Donde a veces hay silencios difíciles, palabras pendientes, donde el amor es asimétrico, porque hay quien da todo y hay quien exige de más y agradece de menos.
En familia, en nuestra carne y nuestra vida, tan humana, quiso nacer todo un Dios.
(José María R. Olaizola, sj)
Liturgia del domingo
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Cuando elevamos los ojos a Dios, los problemas de la vida no desaparecen, pero sentimos que el Señor nos da la fuerza necesaria para afrontarlos. “Levantar la vista”, entonces, es el primer paso que nos dispone a la adoración. Se trata de la adoración del discípulo que ha descubierto en Dios una alegría nueva, una alegría distinta. La alegría del discípulo de Cristo, tiene su fundamento en la fidelidad de Dios, cuyas promesas nunca fallan, a pesar de las situaciones de crisis en las que podamos encontrarnos. Y es ahí, entonces, que la gratitud filial y la alegría suscitan el anhelo de adorar al Señor, que es fiel y nunca nos deja solos.






